|
Nuestras Provincias |
|---|
Baní
Consigna el historiador don Joaquín S. Incháustegui que la población de Baní se fundó el 3 de marzo de 1764 en un predio que los vecinos compraron a los dueños de Cerro Gordo en la suma de 370 pesos fuertes. Entre los primeros pobladores se contaron familias procedentes de las Islas Canarias. Un cuarto de siglo más tarde, o sea en 1789, los descendientes de aquellos isleños representan más de la mitad de una población de dos mil almas, según atestigua el referido historiador banilejo. En el período de la España Boba, Baní fue parroquia del partido de Santo Domingo. La primitiva común, hoy municipio cabecera de provincia, fue erigida en 1822, al comienzo de la dominación haitiana. En 1843 Baní fue incluida entre las comunes que constituyeron el cantón de Azua. Al año siguiente la Junta Central Gubernativa la convirtió en común del departamento de Santo Domingo. De ahí pasó a común de la provincia de Santo Domingo. Esta última condición la mantuvo hasta que en 1861, al iniciarse el período de la Anexión, fue erigida en sede de tenencia del gobierno político y militar de Santo Domingo. La jerarquía comunal la recuperó en 1865, al cesar la dominación española. Al crearse la provincia Trujillo, fue Baní una de las comunes incluidas en el nuevo territorio. En el aspecto patriótico Baní fue escenario de la batalla de Las Carreras, librada contra el invasor haitiano en 1849. En la misma provincia, dentro del área ocoeña, también se alcanzaron por lo menos dos victorias contra los haitianos. En una de esas acciones las mujeres lanzaban piedras contra el enemigo. Entre los primeros presidentes de la República se contó el banilejo Manuel de Regla Mota, quien ejerció en 1856. Otros banilejos que ocuparon la Primera Magistratura fueron Marcos A. Cabral Figueredo y Eladio Victoria.
BANI Y LA LEYENDA DE VANAHI Escrito por Andrés Peña Cabral El nombre de Baní deviene más sugerente y emotivo desde que se ha asociado a la leyenda de la princesa indígena Vanahí, preciosa flor que embellece el fragante manojo lírico de don José Joaquín Pérez, el renombrado autor de Fantasías Indígenas. Feliz discurría la vida de Vanahí escuchando las cuitas de amor de su adorado, el nitaíno Guarién, antes de que la intrusa planta del fiero conquistador hollara sus dominios. Guarién, prisionero, es rescatado por la audacia de su Vanahí, quién ha sobornado al centinela del fuerte donde se le retenía, pero el goce de su dicha fue muy fugaz, pues, apenas comenzaba a celebrar sus desposorios, cuando un disparo aleve puso fin al amoroso idilio y a la existencia de la noble y apuesta india. Allí donde la leyenda asegura que la tierra dilató sus vasos para recibir el cuerpo exánime de la princesa, el Cucurucho de Peravia, la eminencia que al nordeste la ciudad de Baní, pregona con su hierática faz la dolorosa tragedia de una raza desaparecida. La imaginación del poeta cree ver a Vanahí transfigurada en una sombra que revolotea por los guanos y yareyales de la arcadia peraviana mientras vibran en la brisa quejumbrosa los ayes desgarradores de una elegía que trasluce en sus dolientes acentos la agonía de una raza sacrificada en holocausto a la codicia del fiero conquistador: "Este es el valle de mis amores Bella es la leyenda! El alma de los pueblos se desdobla en sus encantadoras ficciones. Envuelto en los arreboles de la leyenda nos llegan lejanos resplandores de pretéritas edades perdidas en las espesas nebulosas del tiempo. El mito abre sus alas esplendorosas por el anchuroso mundo de ninfas, ondinas y silfos. En vano el rigorismo científico de la historia abrevará en todas las fuentes en un afán inútil por borrar el influjo de la fantasía en la representación de los hechos del pasado. Nos dirá desde la adusta gravedad de su retoricismo académico que Baní es palabra indígena que significa tierra de mucho agua y a la objeción de que esto no se compadece con el seco lecho de sus arroyos y torrentes pedregosos que cruzan sus tierras llanas implorando el ósculo de la lluvia para mitigar su sed abrasadora responderá señalándonos el caudaloso Nizao y llamará nuestra atención hacia la similitud etimológica de Bánica y el río Artibonito que cruza sus eriales. Dejemos a los historiadores perderse en la enmarañada selva de la filología descifrando las inscripciones en busca de la incidencia de rasgos y estudiando la fisonomía de sus piezas arqueológicas en busca de rasgos comunes en el idioma, costumbres y creencias que permitan determinar el origen de los indígenas que poblaron la isla y cuáles grupos étnicos llegaron primeramente a la tierra quisqueyana y los puntos de semejanza con las culturas más avanzadas de Tierra Firme. Puede ser que el nombre de Baní no tenga nada que ver con el de Vanahí y hasta es posible que nunca existieran Guarién ni Vanahí, y que, en resumidas cuentas, los legendarios personajes inmortalizados por uno de los dioses mayores del Parnaso Nacional, el renombrado portalira Don José Joaquín Pérez, no sean otra cosa que creaciones idealizadas por la soñadora musa popular. Sin embargo, es misión de los poetas velar porque no se desvanezca la hermosa leyenda de Vanahí, y que por el contrario se mantenga siemPre fresca y lozana el alma del pueblo banilejo con el retoque de nuevas versiones rebosantes de ingenio y colorido. Baní pide devolución de las salinas El pueblo banilejo acudió masivamente a la sesión celebrada por el Ayuntamiento de Baní en la Casa Consistorial, el miércoles 22 de noviembre de 1981, a solicitar de los ediles que iniciaran las gestiones encaminadas a obtener que se restableciera en toda su plenitud el derecho de la comunidad banileja a la propiedad de las salinas de Puerto Hermoso, para lo cual debería el Poder Ejecutivo abolir la ley que obligaba a nuestro Ayuntamiento a compartir con el de San Cristóbal la renta anual percibida por su arrendamiento. La caprichosa Ley fue dictada por Trujillo no solamente con la mira del perjuicio material que semejante medida representaba para el municipio de Baní, sino también, y de manera primordial, para invalidar sus títulos a sus legítimos derechos de propiedad de las codiciadas salinas. Llenados los requisitos formales, el Dr. Alberti declaró abierta la sesión, al tiempo que invitaba a exponer los móviles de su visita al numeroso público congregado en la Sala con la proa enfilada hacia un objetivo fundamental: el rescate de las Salinas de Puerto Hermoso. Pero sus aspiraciones van más allá de la simple devolución al patrimonio banilejo de sus salinas. Desean que la Corporación ponga bajo su directa responsabilidad la explotación de los yacimientos salineros. Francisco X Billini, a la sazón Gobernador de la Provincia de Peravia manifestó a los honorables miembros del Cabildo el noble propósito que había servido de acicate estimulador a los munícipes visitantes. Según expresa el suelto publicado por Ecos del Valle, "intervinieron otros distinguidos banilejos adhiriéndose y ampliando la moción presentada por el Sr. Billini". Luego el Secretario del Ayuntamiento, Sr. Domingo Cruz Garrido, leyó a los asistentes una interesante exposición al Señor Presidente de la República, Dr. Joaquín Balaguer, hecha por el entonces Gobernador Agr. Fabio F. Herrera, en la cual pedía al Ejecutivo que se reintegrara al municipio de Baní las Salinas de Puerto Hermoso". Terminada la lectura de la exposición por Cruz Garrido, el Presidente del Ayuntamiento dijo "que la petición del pueblo sería canalizada por las vías correspondientes". Hablaron también los señores Dr. Bienvenido E. Soto, Dr. Octavio D. Suberví, para robustecer los conceptos emitidos por Billini, así como los Regidores Dr. Marcos Aurelio Guerrero B., y Armando Tejeda, quienes ofrecieron en nombre de sus compañeros del Consejo "el apoyo sin reserva a su justa petición.” A manera de ilustración los ediles municipales transcriben en el supradicho mensaje los siguientes párrafos, transcritos de la obra de Joaquín S. Incháustegui, Reseña Histórica de Baní, en la que se recogen pormenores de la lucha librada por el pueblo banilejo en pos de que se le reconociera como el legítimo propietario de las Salinas de Puerto Hermoso: "Baní no cejaba, no en sus aspiraciones, sino en el reclamo de lo que le pertenecía, y pudo obtener que una comisión formada por algunos diputados se trasladara a las Salinas para ver en el terreno la legalidad de nuestros alegatos. La Comisión fue espléndidamente recibida, y se dio cuenta de que Baní estaba reclamando su más absoluta pertenencia". Baní no descansaba en su labor de reivindicación de las Salinas, y desplegó todas sus actividades más valiosas para el logro de esa justicia. Ya Don José Dolores Pichardo B., había obtenido en el libro “Becerro” los datos precisos y el Ayuntamiento le había otorgado un voto de simpatía; Don Melchor Cabral era la "sombra" de los diputados, como le decían cuando él, insistentemente, les hablaba de las Salinas; Don Francisco Gregorio Billini, en la capital, no descansaba de su labor decisiva e inteligente. Y por fin, en la Primera Legislatura del año 1893, se consagró el derecho banilejo, y Baní se desbordó con gran júbilo. Desde la llegada de la noticia, la música recorría nuestras calles con gran multitud entusiasmada. El Ayuntamiento, reunido el día 25 de junio declaró tres días de fiestas, y todo fue alegría sin término". Una cita con la historia Sacudamos el polvo del olvido a la memoria de los hombres que fueron prototipos de las generaciones banilejas forjadas en el molde de los héroes y los próceres. La antorcha del ideal encendida por ellos brilló en la Sala Capitular del Ayuntamiento a casi doscientos años de haberse instalado el primer Cabildo de Baní. La llama fue avivada con el aliento vigoroso de la presente generación que integra una juventud ansiosa de enaltecer con nuevos laureles los timbres de gloria del pasado. Y las Salinas de Puerto Hermoso volvieron nuevamente a la órbita que le marcó la Madre Naturaleza y el avasallador imperio de ineluctables leyes históricas, sociales y económicas. ARRENDAMIENTO DE SALINAS (Copiado del libro "Becerro") NOTA |