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  Grandes Dominicanos

Gregorio Luperón
La espada de la Restauración

Este notable militar, restaurador y político nació en Puerto Plata el 8 de septiembre de 1839. Fueron sus padres Pedro Castellanos y Nicolasa Luperón a quien correspondió velar por su infancia y la de sus otros hijos, lo que pudo lograr gracias a un ventorrillo (pequeño comercio) de su propiedad.

En la adolescencia un profesor de nacionalidad inglesa estuvo al cuidado de su enseñanza primaria. Contando tan sólo 14 años de edad comienza a trabajar para Pedro Eduardo Dubocq, dueño de una importante hacienda consagrada especialmente al corte de maderas preciosas. Poco tiempo después Dubocq nota las especiales condiciones del joven, quien además de gran resistencia física mostraba dotes de mando y sobresalientes cualidades intelectuales. Generosamente, le autoriza el uso de su biblioteca y pone a su cargo la dirección del corte de maderas en la zona de Jamao.

Así comenzó Luperón a desarrollar su recia personalidad y su formación intelectual. Al producirse la anexión de la República a España, fue uno de los primeros en enfrentarse a la dolorosa situación. Siendo perseguido por las autoridades españolas partió hacia Haití y de allí siguió hacia los Estados Unidos de Norteamérica. Regresó poco tiempo después, clandestinamente, formando parte del pronunciamiento de Sabaneta en febrero de 1863. El fracaso de este estallido insurreccional no lo amilanó y se dirigió a La Vega, donde levantó los ánimos de muchos desde la clandestinidad a la que se vio obligado, disponiéndolos a la rebelión. Luego, cuando se produjo la hazaña de Capotillo y sitiaron las fuerzas insurrectas la ciudad de Santiago, se incorporó a estas donde fue nombrado jefe de un cantón.

A partir de ese momento se destaca además de por sus sobresalientes dotes militares, por su gran magnetismo y capacidad oratoria. Fue reconocido como General, y compartió la dirección del movimiento Restaurador con los demás jefes rebeldes del movimiento que no tardó en convertirse en una auténtica epopeya popular.

Una vez instalado el primer gobierno provisional, fue nombrado Jefe Superior de Operaciones en la zona de Santo Domingo, teniendo bajo su responsabilidad el enfrentamiento a las bien provistas fuerzas españolas bajo el mando de Pedro Santana. Con escasas tropas logró mantener en jaque durante semanas a las fuerzas enemigas, poniéndose en relieve, una vez más, sus dotes estratégicas y condiciones de dirigente. Para lograr esto, sin embargo, tuvo que desobedecer alguna que otra vez las ordenes del Gobierno, que terminó por acusarlo de indisciplina y le revocó el nombramiento. Aun así se mantuvo buenas relaciones con el organismo.

A finales de 1864, principios del 65, acepta la Vicepresidencia de la Junta Gubernativa constituida al derrocamiento del gobierno presidido por Gaspar Polanco, evitando en el desempeño de estas funciones que el General Pedro A. Pimentel consumara actos tiránicos.

A la substitución de Pimentel por José María Cabral surge de inmediato el pugilato político. En el Este se declara como rebelde el general Buenaventura Báez, y su movimiento es seguido porprácticamente todo el Cibao, a excepción de Puerto Plata donde Luperón se manifiesta contrario al mismo, actitud que lo conduce al destierro en Saint Thomas. Sus compañeros de lucha lo abandonan pero cuatro meses más tarde se produce el levantamiento contra los propósitos de Báez.

Luperón, ahora respaldado, regresa al país poniendo en marcha el Movimiento del Triunvirato que debía ser integrado por los "auténticos libertadores de la Restauración" y que se instala en Santiago el 1ro. de mayo de 1866, compuesto por los generales Pedro Antonio Pimentel, Federico de Jesús García y Gregorio Luperón facilitando con ello que el general José María Cabral ocupara la presidencia de la República el 29 de septiembre de 1866, gobernando precariamente hasta el 31 de enero de 1868 cuando finalmente capituló embarcándose hacia el extranjero.

El 15 de febrero se instaló un nuevo triunvirato compuesto por los generales José Hungría, Antonio Gómez y José Ramón Luciano estableciéndose un terrorífico régimen de persecución a los políticos y militares que habían respaldado a Cabral. Buenaventura Báez regresó al país el día 29 de marzo de 1868 y tomó posesión del poder el 2 de mayo para establecer un tiránico régimen. Luperón se ve precisado a abandonar el país nuevamente y esta vez recorre varios países del Continente y los propiamente antillanos en actitud conspirativa. Desembarca en Samaná y rinde la plaza; también la de Sabana de la Mar. Continuando su marcha mantiene en estado de guerra toda la costa Sur pero finalmente tiene que alejarse de la costa. En esos tiempos Báez gestionaba la anexión de la República a los Estados Unidos de Norteamérica pero el traidor no logra la materialización de su odioso proyecto. El despótico régimen de Báez concluye el 2 de enero de 1874 tras seis años de desastres y pocas acciones positivas. Es entonces cuando el General Gregorio Luperón puede regresar a su patria.

En 1876 Luperón acepta el Ministerio de Guerra y Marina en el gobierno constitucional de Ulises Francisco Espaillat quien, a pesar de hacer un gobierno honesto y civilista es obligado a renunciar seis meses después y Luperón tiene que abandonar nuevamente el país.

A finales de 1879 el General Luperón ocupa la presidencia del Gobierno Provisional de la República y, atendiendo a sus propias recomendaciones, le sucede en 1880 Fernando Arturo de Meriño. Luperón viaja entonces Europa, donde recibe el nombramiento de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario de la República ante los gobiernos de Francia, Inglaterra, Italia, Suiza y Dinamarca. En esos países mantuvo relaciones políticas y culturales con personalidades destacadas.

Amigo cercano de Eugenio María de Hostos, hizo suyo el proyecto del maestro en relación con la enseñanza normalista en República Dominicana y en su condición de Presidente Provisional (1879-1880) dispuso medidas con tal propósito, de manera que el 14 de febrero de 1880 se abre el libro de inscripciones de la Escuela Normal de Santo Domingo.

Nos dejó sus "Notas Autobiográficas y Apuntes Históricos sobre la República Dominicana" (obra en tres tomos) donde ofrece con lujo de detalles no sólo su propia vida sino también el glorioso proceso de la Restauración.

El General Gregorio Luperón cabalga por la historia nacional indomable y cargado de gloria, oponiéndose siempre y de manera decidida e inquebrantable a todo cuando atentara contra la libertad y la soberanía de la República. Víctima de una enfermedad incurable, fallece en Puerto Plata el 21 de mayo de 1897.
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