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María de la Concepción Bona y Hernández
nace en Santo Domingo el 6 de diciembre del año 1824.
Dos años
antes, en febrero de 1822, se había iniciado el período
de la ocupación haitiana de Santo Domingo. Al asumir
Jean Pierre Boyer el mando total de nuestra parte de la isla,
las diferencias entre los pobladores eran enormes, sobre todo
en la base cultural y política. Los haitianos poseían
una base cultural franco-africana mientras nuestro pueblo
era poseedor de una base cultural totalmente hispánica.
Al dominicano se le obligó por la bota de represión
a aceptar el establecimiento de un gobierno militarizado dirigido
por Gerónimo de Borgellá en Santo Domingo, al
reclutamiento de jóvenes dominicanos para el servicio
militar, sustitución de sus símbolos hispanos
por los de Haití, el establecimiento de impuestos exhorbitantes,
cierre de iglesias, uso obligatorio del idioma francés
en asuntos oficiales, e intento (sin éxito) de usarlo
en la enseñanza primaria, así como limitación
a las actividades religiosas y otras costumbres arraigadas
en nuestro pueblo.
Bajo este estado opresivo y humillante nace y se cría
Concepción Bona en una familia dominicana que se comprometería
totalmente con el ideario de Duarte. Su abuela María
Merced Pérez Díaz Morales se había casado
en primeras nupcias en la Villa de San Carlos con Pantaleón
Pina y de esa unión habian nacido: Manuela, Juan Andrés,
El Prócer de la Independencia, Ana Santiago, Marcelina
y Dominga.
Viuda María Merced se casa en segundas nupcias con
Lorenzo Bona, un soldado Corso-Genovés registrado en
el Regimiento de Infantería de Puerto Rico 1799 como
Sargento Primero de Fusileros.(Simancas Microfilm 116532/Sección
Guerra Moderna), que se radica en Santo Domingo donde se enamora
y hecha raíces, al poco tiempo nace el hijo de ambos
Vicente Ignacio Bona Pérez, conocido por todos como
Ignacio Bona.
Ignacio Bona además de ser el hermano menor del Prócer
Pina era su mejor compañero y amigo. Juntos comienzan
su negocio de "mercadería al detalle", juntos
se inician en el camino de la vida hasta que Ignacio muere
joven en septiembre de 1844.
Ignacio Bona y Juan Pina, se casan con dos primas (segundas
nupcias de Juan) y procrean dos familia que crecen juntas.
Se establecen uno al lado del otro frente al Baluarte. Comparten
ambas familias las veladas nocturnas, los domingos con la
abuela, los cumpleaños, las navidades, y por supuesto
las actividades en la Iglesia del Carmen a la cual profesaban
una profunda devoción inculcada por María Merced.
Sólo hay que visitar esa iglesia para ver donde están
enterrados muchos de ellos.
Cuando el hijo mayor del Prócer Juan, el Trinitario
Pedro Alejandrino Pina (de su primera esposa Mercedes García)
funda su escuelita primaria, busca a su prima hermana Concepción
y su hermana María de Jesús a las que introduce
en labores magisteriales.
El amor y el fervor que ponían las muchachas en la
educación de los párvulos, la mayoría
de ellos hijos de patriotas, era casi sacro. Su gran misión
era la de educar a aquellos chiquillos bajo nuestras costumbres,
idioma y religión. Misión bastante peligrosa
si tomamos en cuenta que en ese momento éramos un estado
invadido por la bota dictatorial foránea que prohibía
todo aquello.
En 1844 cuando Concepción Bona contaba sólo
18 años de edad era una joven perteneciente a una familia
ardientemente adscrita a la causa de la Independencia Nacional
y totalmente compromentida con los ideales del Patricio Duarte,
y es que Concepción el amor a la patria lo llevaba
en la sangre, por eso cuando su padre Ignacio Bona estampa
la firma número 90 del Manifiesto del 16 de enero,
documento que representa el Acta de nuestra Independencia
Nacional, lo hace junto a su hermano Juan Pina, pero también
junto a Tomás Bobadilla y Briones, Ramón Mella,
Francisco del Rosario Sánchez, y otros trinitarios.
Todos amigos y vecinos.
A esa
edad Concepción Bona ya era parte activa en las reuniones
de muchachos y muchachas que en los ojos del invasor se congregaban
en las tardes a estudiar, pero que realmente complotaban con
un solo fín: conquistar la libertad de la Patria.
Cuando los patriotas escogen a María de la Concepción
Bona y Hernández para la gran tarea de plasmar en tela
su magnífica obra tricolor concebida por el Patricio
Duarte, que nos representaría ante el mundo como una
nueva nación que nace libre e independiente, lo hacen
confiando esa gran obra a una amiga cercana y plenamente identificada
con la causa nacional, pero también sabiendo que se
hacía ese encargo una mujer valiente y apasionada,
capaz de enfrentar con madurez los riesgos que aquello representaba.
En ese momento se convierte en Patriota junto a su prima María
de Jesús Pina.
Concepción Bona supo representar dignamente el papel
que el destino le había encomendado, por eso llegado
el momento la joven penetra enardecida la escena libertadora
que se desarrolla desde la Puerta de la Misericordia hasta
el Baluarte del Conde, entre pólvora, cánticos
patrióticos, familiares y amigos; y hace la entrega
memorable en manos de Sánchez de nuestra primera enseña
tricolor, se inmortaliza en la historia.
Cuando la luz del sol aclaró la mañana del 28
de febrero de 1844, la obra magna de esta heroína nacional
ondeaba libre y soberana sobre el Altar de la Patria. Nacía
la República Dominicana.
Hoy la reconocemos junto a otras Madres de la Patria: Doña
Chepita Pérez, María Trinidad Sánchez,
María de Jesús Pina, Las hermanas Villa de La
Vega , Olaya Sánchez, Manuel Diez, Rosa Duarte, Juan
Saltitopa, Baltasara de Los Reyes, Josefa Brea, Ana Valverde,
entre otras mujeres que lo arriesgaron todo para que hoy podamos
decir con orgullo que somos dominicanos.
La autora es biznieta María de la Concepción
Bona y Hernández , 27febrero.com le agradece su colaboración
que a la vez da prestigio a nuestro Website.
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