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El abuso de las tarjetas para llamadas telefónicas
Redacción RPC
Según algunos munícipes, que nos han hecho llegar algunos comentarios, la verdad es que no entendemos como en pleno siglo XXI, existan fraudes tan vulgares, a la vista de todos, como lo que ocurren con las tarjetas para llamadas telefónicas.
Lo peor de esto, es que, los munícipes dominicanos no tienen a donde acudir. El Institutos Dominicanos de las Telecomunicaciones (INDOTEL), ha realizado grandes esfuerzos, en la orientación ciudadana, sin lograr los objetivos definidos. Y esto se debe, exclusivamente en gran parte, a la falta de respeto que muestran los señores poderosos que controlan las telecomunicaciones en la República Dominicana.
Mientras INDOTEL dice en los medios de comunicaciones lo que deben hacer los munícipes dominicanos en algunos casos, las compañías que operan este lucrativo y jugoso negocio, dicen y hacen otras cosas. Lógicamente, todo lo contrario a lo que dice y hace el INDOTEL.
Hacemos estos comentarios ya que son muchos los munícipes que se han expresados por los diferentes medios de opinión, denunciando el abuso sistemático de las empresas de las telecomunicaciones, especialmente en el renglón de operación de tarjetas para llamadas telefónicas. Los munícipes que han dado la voz de alarma, son gente seria, y que han confirmados los rumores de otros, en el sentido de que por ejemplo, si compran una tarjeta de 60 pesos, hablan unos dos o tres minutos, y normalmente es seguro, que cuando intentan la tercera llamada, se escucha una voz “tenebrosa y bien conocida” que dice: “su saldo es insuficiente para realizar esta llamada”.
Santo Dios, caramba, esto no es un invento de uno ni de dos o tres munícipes, son realidades de miles y miles de munícipes dominicanos.
Red Poder Comunitario, condena esta operación desleal, y solicita tanto del INDOTEL como regulador, y de las empresas como ofertantes de este servicios a sacar de circulación tan desonesto método, puesto que esto es, un atropello no solamente económico a miles de compatriotas, sino también un vulgar robo, doblemente cometido, en primera instancia por las empresas de telecomunicaciones y luego por las autoridades que sabiendo de este tipo de operaciones guardan silencios y seguro es, que por una recompensa económica, la cual proviene de los bolsillos de los comunitarios consumidores de tarjetas para llamadas telefónicas.
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