Nuestras Calles

Livia Veloz

Escrito por Angela Peña.

 

 

            Fue una mujer de vanguardia. Cuando la primera ocupación norteamericana de 1916, las mujeres estaban dentro de la casa, pero se abrieron escuelas comerciales y ella estuvo entre las primeras que se inscribieron en esos institutos. Progresó y se emancipó de ese círculo vicioso, estrecho y aldeano en que se vivía entonces.

            El doctor Joaquín Santana, reconocido abogado y ex diplomático, hace la consideración al hacer el recuento de la sobresaliente trayectoria de su tía, pionera en las luchas feministas, escritora laureada, consagrada educadora, antitrujillista, filántropa y generoso ser humano de cuyas obras de caridad dieron testimonio, tras la muerte de la excepcional dama, infinidad de prójimos a los que ayudó discreta y espontánea.

            Compartió con don Joaquín y sus padres, el licenciado Joaquín Santana Peña, jurista, y doña Leticia Veloz de Santana, hermana de la afamada poetisa, sus residencias capitalinas de la Duarte, en la Zona Colonial, y de la Santiago y la Juan Sánchez Ramírez en Gascue. “Livia María vivió en principio aparte, pues poseía una biblioteca muy grande y además, se gobernaba, pero llegó el momento en que las circunstancias la obligaron a que fuera a residir con nosotros y fue acogida con todo el cariño y la consideración que merecía”, comunica el sobrino.

            No sólo conserva el recuerdo de las versátiles facetas de la tía, que detalla con memoria espléndida y asombrosa capacidad de exposición. También guarda con poco disimulado orgullo ejemplares de los poemas, novelas, cuentos y textos didácticos que publicó la distinguida intelectual, casi todos premiados. En un abultado álbum preserva recortes de prensa, dictámenes de jurados y los juicios elogiosos que sobre el trabajo literario de Livia Veloz exteriorizaron intelectuales de la altura de Max Henríquez Ureña, Pedro René Contín Aybar, Federico Henríquez y Carvajal, Alcides García, Juan Tomás Mejía, Rafael Emilio Sanabia, Felino Vicioso, Abigail Mejía, Arturo Logroño, Juan Bosch... Joaquín Balaguer le dedicaba sus libros con admiración: “A la fina artista de la palabra rimada”.

Pionera

            Livia Veloz no fue feminista de interesados discursos coyunturales. Tampoco pretendía enfrentar al sexo opuesto. Las consideraciones del sobrino la presentan luchadora con su ejemplo. Está entre las pioneras del trabajo femenino fuera del hogar, cuando sirvió de asistente del ministro de Agricultura o de diversos gerentes del sector privado a los que rendía además funciones de relacionadora pública.

            Por otro lado, a su labor de crear conciencia, plasmada en su Historia del Feminismo Dominicano y expresada en sus pronunciamientos en la Agrupación Cultural Ábside, o en el club Nosotras, agregó la entrega voluntaria en los pueblos y en el Distrito Nacional enseñando a las criollas a ejercer el voto, recordándoles el reclamo de sus derechos civiles y políticos. “Había que pensar en la estrechez del medio social para los hombres, y para las mujeres mucho más, porque las que descollaban eran damas que se lanzaban al ruedo exponiéndose a las críticas. Abigail Mejía llegó al país graduada, desde Barcelona, y trajo nuevas ideas que planteó a un grupo de amigas, entre las que estaba Livia”, cuenta el doctor Santana.

            Agrega que crearon la Unión Feminista Dominicana, “que podríamos llamar ortodoxa, porque se ceñía a los derechos de la mujer, no para combatir al hombre, sino para reivindicar ciertos derechos femeninos, en esa época inexistentes. Livia luchó mucho cuando se celebró el voto-ensayo, fue una gran colaboradora de esa labor, de la que se habló mucho por razones de política vigente, para darle lustre a la política de ese momento, de hacer un voto para ver si la mujer estaba preparada para recibir los derechos civiles de que disfrutaban los hombres. Ella era delegada en San Pedro de Macorís y se integró a comisiones en la Capital. La mujer estaba muy emocionada porque el gobierno de la época iba a complacerlas”, declara.

            Aun así, la señorita Veloz no simpatizaba con el régimen. “Era una antitrujillista íntima porque no salía a la calle a pregonar que no era trujillista, pero en la casa era desafecta que mantenía sus principios ortodoxos de libertad y de amor a los pobres y perseguidos”, expresa. Ábside, señala, “fue formada por damas intelectuales evolucionadas que buscaban ese medio como para escapar de ser anodinas, como desahogo, sin reclamar gloria propia”.

Magisterio y Familia

            En otro orden, el ex embajador en París destaca la intensa labor magisterial de Livia Veloz, de casi medio siglo, en la Escuela Normal de Varones y en el colegio Serafín de Asís, donde impartía literatura. En el Serafín creó y dirigió la sección de Comercio. “Como maestra siempre estuvo en defensa de la estructura moral de la familia dominicana. En 1962, al incorporarse al movimiento pedagógico, se le ocurrió escribir libros de lectura para principiantes y estudiantes avanzados de la educación primaria y publicó el Libro Dominicano de Lectura, que le mereció el Premio Salomé Ureña, de la Secretaría de Educación”.  El ejemplar, en el que la autora pone de manifiesto vastos conocimientos históricos, sociales, políticos, cívicos, culturales, fue texto obligado en la escuela pública.

            Don Joaquín admiraba en la tía su generosidad, la extraordinaria inteligencia, el amor, la dulzura, la entrega. “Fue una gran protectora de sobrinos, nos estimulaba a estudiar, nos proporcionaba útiles escolares”.  La recuerda incansable estudiosa, leyendo sus oraciones matinales, apuntando vivencias en su Diario personal, cultivando sus variedades de rosas o intercambiando con sus amigas Abigail Mejía, Martha Lamarche, Altagracia Delmonte de Gautreaux, Isabel Amechazurra, Carmen González... “Era de considerable estatura, de sonrisa agradable, dulce, cariñosa, acogedora, pero debajo de todo eso estaba la mujer que sabía ponderar sus juicios y hacerlos valer de una manera educada”, dice este hijo de la hermana amada de Livia. “Tuvo excelentes relaciones con mi madre, eran muy unidas y condescendientes. El recorrido a Europa lo hicieron juntas”.

            Livia María nació en Santo Domingo el once de septiembre  de 1892, hija de Juan Pablo Veloz y Adelina Echavarría. Estudió en la escuela de las señoritas Bobadilla y de ahí pasó al Instituto Salomé Ureña en el que obtuvo título de Maestra Normal de Segunda Enseñanza.

            Otras de sus producciones publicadas fueron Preludios sentimentales. Acordes. Transparencias. Ojos entreabiertos (novela). El retorno (cuento). El arroz (soneto). Gastón y Rafael Deligne (soneto), casi todas laureadas. Murió el veintiuno de marzo de 1980, víctima de un cáncer abdominal.

La Calle

            El doctor Joaquín Santana considera altamente merecida la designación de una calle con el nombre de Livia Veloz, recientemente inaugurada en el sector La Castellana, porque la homenajeada “fue una mujer como pocas en su época, pues, aunque había muchas con sus mismas inquietudes, no eran tan arrojadas para imponer sus criterios y exponer sus principios” además de aportar a las letras una obra superior, reconocida “y dar a la sociedad mucho más de cuarenta años dedicados a la noble vocación del magisterio”.