José Amado Soler
Escrito por Angela Peña.
Aunque en la República apenas es recordado por una calle, el mundo lo reconoce como el soldado impetuoso y valiente que luchó contra las dictaduras de América. En Nicaragua, donde murió en un fracasado intento por eliminar al tirano Anastasio Somoza, su nombre sobresale en inmortal placa de bronce en el Monumento de la Revolución. Cuando los familiares dominicanos quisieron trasladar el cadáver a su Patria, los nicaragüenses se opusieron alegando que José Amado Soler pertenece al mundo, a América, a Nicaragua.
En el país fue radical antitrujillista. Uno de los más crueles encarcelamientos en su contra se produjo cuando su nombre fue descubierto en una bomba explosiva preparada para que estallara en un mitin al que asistiría Trujillo, frente a la Estación de Bomberos de Santo Domingo, y que detonó cuando hacía su entrada a la manifestación Arturo Logroño, alto funcionario trujillista.
Ningún patrón lo empleaba, para no comprometerse. Le dieron trabajo en la Farmacia Moya, por un día, y pudo sobrevivir gracias a que Claudio Fernández, esposo de una tía, le daba artículos ferreteros que él vendía a comisión, al igual que víveres que le traían en camiones y él detallaba en la Isabel la Católica. Empero, su vivienda de la calle Santomé 36, frente al hospital Padre Billini, era vigilada, por la cantidad de amigos simpatizantes de su misma causa que le visitaban.
Amado, bien parecido, bailador, sociable, servicial, de tal éxito entre las mujeres por sus atributos físicos que le llamaban Robert Taylor, había decidido ser antitrujillista desde que una sancristobalense confió a su madre, doña Rosa Fernández Soñé, que si Trujillo llegaba a ser Presidente de la República el pueblo dominicano se embromaría, pues esa era una familia de ladrones. Logró salir del país después de varios apresamientos por su oposición al régimen.
Los licenciados Máximo Cordero Soler y René Soler Hungría, prestantes abogados de Santo Domingo, recuerdan con admiración, respeto y cariño a ese tío que es el ídolo más joven de una familia que tiene en sus antepasados a independentistas y restauradores. Don Máximo compartió con él la misma vivienda, siendo un niño, y don René recuerda los mimos y gracias que recibía de Amado cuando era apenas un bebé. Conservan fotos, escritos exaltando su valentía, cartas, notas de la descendencia y la esposa que dejó en Costa Rica y la dedicatoria, en especial separata, que le hizo el profesor Juan Bosch en su libro Trujillo, Causas de una tiranía sin ejemplo: “A la memoria de dos dominicanos que sellaron con la muerte su amor a las libertades democráticas en nuestra América, José Amado Soler, asesinado en Managua por la tiranía somocista el mes de abril de 1954, y Pablo Martínez, asesinado en La Habana el mes de marzo de 1958”.
Contra las Dictaduras
José Figueres, Juan Bosch, Fidel Castro, Mauricio Báez y otras destacadas figuras del exilio antitrujillista fueron sus amigos entrañables a partir de 1945 cuando después de asilarse en la embajada de México se fue a Cuba, donde estuvo preso por su oposición a Fulgencio Batista. Figueres, de quien fue hombre de confianza, le profesó inestimable aprecio desde que conoció su valor al participar en 1948 en el derrocamiento del dictador Teodoro Picado.
“Cuando Figueres vino a la toma de posesión de Juan Bosch, dijo que tenía que conocer la familia de José Amado Soler. Milagritos Ortiz Bosch hizo el contacto y él fue recibido en la casa del licenciado César A. De Castro y de su esposa, Milagros Soler Fernández de Castro”, recuerda don Máximo, depositario de las memorias documentales del ilustre pariente.
Don René habla con entusiasmo y evidente sensibilidad de acciones del glorioso tío que no figuran escritas. Don Juan Bosch se llevó a la tumba la promesa de escribir un libro sobre quien es proclamado el primer representante del PRD en el exilio. El sobrino cuenta de la estadía de Soler Fernández en Venezuela, “con el gobierno democrático de Isaías Medina Angarita. Le daban contratos de trabajos municipales, él laboró en la electrificación de la zona universitaria. Medina Angarita lo autorizó a organizar mítines contra Trujillo en todos los salones de Venezuela, pro recaudación de fondos para una invasión al país y quien disertaba era el profesor Juan Bosch”, refiere.
En Cuba, Amado Soler se enroló en la fracasada expedición de Cayo Confites y en la cárcel conoció y se hizo amigo de Fidel Castro. En su ideal de acabar con los dictadores, se traslada a Costa Rica para planificar el magnicidio de Anastasio Somoza. Allí contrae matrimonio con la prestante dama Ligia González, cuyo padre, según refieren los sobrinos, fue varias veces presidente de la República. Procrearon dos hijos: Enrique Alfredo y Hernán.
La Aterradora Muerte
“Soler tomó el compromiso como si fuese para la liberación de su propio país. Sufrieron penetrando en el territorio de Nicaragua. Montaban una carreta, desde la frontera de Costa Rica hasta Nicaragua, pero al llegar al lago de Nicaragua, algunos comprometidos retornaron. Soler siguió con el fin de liquidar a Tacho...”, escribió el luchador antitrujillista Julio César Martínez.
Don Juan Doucudray, que también lo trató, estuvo con él en Costa Rica en 1951. “Allí administraba una fábrica de camisas y había formado familia, aunque no había abandonado sus ímpetus libertadores contra el rosario de dictadores que entonces asolaban muchos países latinoamericanos”. Le confesó que “estaba comprometido con los luchadores antisomocistas y que preparaban una acción militar contra esa tiranía, todavía encabezada por el viejo Somoza. Uno tiene que poner su sangre del lado bueno, y si no lo puedo hacer en Santo Domingo, lo haré entonces en Nicaragua”, le susurró al también opositor a Trujillo.
Don René refiere que “quince metros antes de Amado Soler llegar a su objetivo, un muchacho, que resultó ser hijo de Somoza, se le atravesó cuando ya estaba listo para disparar. Soler Fernández lo derribó de un puñetazo, pero fue inmediatamente apresado, investigado, torturado. Le extrajeron los ojos, las uñas de pies y manos, cortaron sus testículos, hicieron misa negra con mofas a su alrededor, burlando sus dolores y torpezas por estar herido, ciego, mutilado. Lanzaron el cadáver, que pudo ser rescatado posteriormente”.
“Es un ejemplo de oposición a todo tipo de dictadura, aunque haya que exponer la vida propia y la de la familia. Hay que preservar la libertad de los pueblos, ninguno debe ser esclavo ni estar sometido a las botas de un dictador”, exclama enardecido don Máximo. “Cuando hablo de él, exclama don René, pienso que fue un idealista, un hombre de principios, noble, que respetó la dignidad humana y no permitió que se cometieran atropellos, vejámenes, subyugaciones. Luchó contra todo aquel que fraguó la esclavitud”.
José Amado nació el veinticuatro de julio de 1910 y murió asesinado el siete de abril de 1954. Se graduó de bachiller en La Normal de Varones. Era hijo de Alfredo Máximo Soler Guerrero, violinista, tenor, compositor, Capellán Mayor de la Catedral de Santo Domingo, y de Rosa Fernández Soñé.
En 1963, por iniciativa de Thelma Frías, alta dirigente del PRD, se designó con el nombre de José Amado Soler la calle que nace en la avenida Lope de Vega y muere en la avenida Winston Churchill.
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