Nuestras Calles

Freddy Prestol Castillo

Escrito por Angela Peña.

 

            No sólo fue el exitoso autor de El Masacre se pasa a pie, uno de los libros dominicanos que más atención ha recibido de la crítica nacional y extranjera. Freddy Prestol Castillo, sensible, rebelde, independiente, filántropo, se distinguió como conferenciante, historiador, político, impresionante jurista y como uno de los más notables narradores dominicanos, aunque su obra en este campo se encuentra dispersa en diarios y revistas.

            De conversación cautivante, dueño de una excepcional capacidad creativa, puso de manifiesto su temperamento reacio a las injusticias cuando promovió una huelga en protesta por la cancelación del maestro Osvaldo García de la Concha, suspendido por el gobierno de Horacio Vásquez. Ese espíritu indócil ante la iniquidad y el atropello puso a veces en peligro su vida durante el desempeño de funciones públicas en la tiranía trujillista en la que exhibió una actitud libre de compromisos.

            Asiduo de peñas literarias en las que intercambiaba su brillante y versátil producción de escritor con Ramón Marrero Aristy, Pedro René Contín Aybar, Luis Heriberto Valdez, Joaquín Salazar hijo, Héctor Incháustegui Cabral, Rafael Diez Niese, fue también un cristiano que practicaba sin alardes la caridad. Ayudó a familias pobres que le visitaban en su bufete de abogado, a humildes campesinos a fomentar conucos, a la sustentación de escuelas rurales y descendía de su condición social e intelectual para compartir la amistad y el pan con los necesitados.

            “Las enseñanzas de Freddy Prestol Castillo fueron como las de Montalvo, el desprendimiento, la dignidad, el patriotismo. Precisamente el poeta petromacorisano Ligio Vizardi llegó a llamarlo “el Juan Montalvo”, a manera de estímulo, cuando siendo entonces muy joven, formaba parte del Centro Literario Hermanos Deligne”, comenta Miguel Ángel, uno de los hijos del prominente abogado, heredero de la condición de escritor, dedicado a las leyes, la docencia, la academia, como su padre.

El Intelectual

            Como escritor, el fuerte de Freddy Prestol Castillo fue el cuento. De ahí que Juan Bosch no omitiera su nombre en un escrito en el cual se refiere al cuento dominicano, señala Miguel Ángel. Entre su producción en el campo de la narrativa figuran sus cuentos La Tragedia de Juan Marte, El Buey Cabo'e Vela, Tierra y Herejía de Venancia la mala, y las novelas Pablo Mamá y El Masacre se pasa a pie, que constituyó un suceso en el país. “Fue la obra de mayor atención de la crítica, que mediante ponderaciones controversiales le asignó un relieve no conocido anteriormente en una obra similar”.

            El sacerdote estadounidense Raymond Conard  la tradujo al ingles señalando que “se trata de una joya literaria que debe ser conocida en el mundo entero. Fue llevada al teatro por el dramaturgo Franklin Domínguez y hace unos años un reconocido intelectual belga la tradujo al francés para utilizarla en una tesis doctoral que sustentó en la Universidad de París. El ilustre médico e intelectual Heriberto Pieter previó estos acontecimientos cuando en la clandestinidad tuvo acceso a la novela: dijo que sería el mayor éxito de librería.

            Pero la dimensión intelectual y humana de Prestol Castillo no se reduce a ese volumen. Abordó temas históricos poco trillados. Se interesó en investigaciones acerca de aguerridos soldados de la guerra restauradora. Remarcó la dimensión de Duarte como patriota enérgico. Produjo un depurado estudio acerca del prócer Pedro Alejandrino Pina. Sus estudios acerca del general Pablo Ramírez (Pablo Mamá), culminaron con la publicación póstuma de una novela referente a la Guerra de los Seis años contra Báez. Otros estudios históricos suyos son Patria, Hombre y Espinas y Fabla, Gesta y Cantares del Valle de Neiba, uno de los más depurados estudios sociológicos de la región Sur.

            En el área de las ciencias jurídicas publicó Distribución Geográfica del Crimen en la República Dominicana, con el que fue laureado en el Primer Congreso de Procuradores. Jurisprudencia de Tierras (El Litigio Catastral ante la Suprema Corte de Justicia) y numerosos trabajos acerca de procedimiento civil, tierras, criminología y derecho penal. De su vasta y sólida formación cultural Prestol Castillo hizo gala en las disertaciones, los círculos culturales, las peñas y el foro, de sus singulares dotes de hablista, sustancioso y fino orador, estilista de la palabra y la escritura. Ocupó una silla en la Academia Dominicana de la Lengua, siendo reconocido como una de nuestras cumbres intelectuales.

Reconocimiento precoz

            Nacido en San Pedro de Macorís el veinticuatro de junio de 1914, hijo de Miguel Ángel Prestol Álvarez y Hortensia Castillo Marcano de Prestol, fue reconocido y laureado en el colegio Santo Tomás de Aquino por su extraordinaria inteligencia. En 1935 se recibió de Licenciado en Derecho con notas sobresalientes. La carrera jurídica la asumió con dominio impresionante en todas las especialidades pero especialmente en las ramas del derecho civil, criminología, derecho penal y litigios catastrales. Se desempeñó como procurador fiscal de El Seibo, Neiba, San Cristóbal, juez de instrucción en Dajabón, juez del Tribunal de Tierra, Diputado al Congreso y director del Instituto de Reforma Agraria, en los que se distinguió por su honradez y su eficiencia.


            Son hijos suyos: Freddy Manuel, Miguel Ángel, Hortensia (fallecida), Adita, Maritza y Adalgisa. Le sobrevive su viuda señora Ana Vidal. Su fallecimiento se produjo en Santo Domingo el 20 de febrero de 1981. Cuando contaba quince años de edad, el maestro Pedro Henríquez Ureña predijo, al escucharlo agradecer el primer premio en un concurso del Día de las Madres: “¡Será uno de los grandes representativos de la cultura dominicana!”. Y acorde con la predicción del egregio humanista, se le despidió.

Dos Calles

            En el país hay dos calles que honran la memoria de Freddy Prestol Castillo. Una está situada en San Pedro de Macorís y la otra en el ensanche Piantini, cuya designación se debe a diligencias del  notable periodista colombiano Augusto Obando, uno de los más devotos admiradores de la aguda inteligencia y vastísima cultura del ilustre intelectual, con quien se dedicaba a devorar libros.

La carta a Trujillo

            Aunque sirvió posiciones públicas durante la tiranía, Prestol Castillo no fue el intelectual alcahuete que se plegó al régimen avasallador. El Masacre se pasa a pie no es la única prueba de su animosidad. También la carta que escribió al tirano el 18 de julio de 1959, tras el asesinato de Marrero Aristy, que entonces se presentó como accidente automovilístico. Al hacer referencia a los libros de Freddy Prestol, Miguel Ángel, su hijo, comenta también la histórica misiva.


            “Gazmoñerías aparte, y al margen de los méritos literarios o de género, El Masacre es mucho más que un libro exitoso. Es la certeza clara de una convicción. En esa denuncia ríspida y descarnada del genocidio consumado por Trujillo, late una íntima abominación al régimen opresor. Aun habiendo ocupado posiciones públicas secundarias bajo la Era, Prestol Castillo jamás perteneció a la corte del dictador. No fue casual la omisión de Balaguer en sus Memorias. En puridad de verdad, se le sabía un desafecto. Inclusive, la carta que envió a Trujillo a raíz de la muerte de Ramón Marrero Aristy dista de ser un documento incriminatorio. Lejos de una confiable demostración de trujillismo redomado, como parecería a simple vista, esta carta fue recibida por los conocedores profundos de la realidad como una virtual sentencia de muerte para su autor. Pues esa aparente ingenuidad o audacia impensada había que leerla en la interlínea.  Para un buen entendedor, Trujillo quedaba en evidencia. Unas ideas visiblemente laudatorias traducían dardos punzantes sobre la conciencia del dictador que había ordenado el asesinato de Marrero. Pero probablemente Trujillo reparó en que eliminar a Prestol era morder un anzuelo, nada aconsejable para un escualo de aquella magnitud, tan sórdido y astuto”.