Nuestras Calles

Amada Nivar de Pittaluga

Escrito por Angela Peña.

 

 

            Aunque por encima de todos sus méritos y virtudes profesionales y públicos  doña Amada Nivar de Pittaluga fue esencialmente madre, sustrajo tiempo para ser maestra, feminista, oradora vibrante, poetisa, literata, filósofa, abogada, piadosa del Corazón de Jesús y devota mariana que no sólo consumía largas horas nocturnas entregadas a la oración sino que ofreció su apoyo decidido a la creación de la primera orden religiosa femenina del país: las Hermanas Altagracianas.

            Generaciones de muchachas de clase media se formaron en su Universidad Femenina recibiendo lecciones de historia, mecanografía, taquigrafía, costura, cocina, literatura, moral y cívica, en más de un cuarto de siglo en que la emprendedora dama se dedicó a prepararlas para el trabajo, el hogar, la vida.

            La mujer dominicana tuvo en ella a una tenaz luchadora por la igualdad y el respeto a sus derechos cuyos frutos se manifestaron, principalmente, en la conquista del voto. Como fundadora y varias veces presidenta del Consejo Nacional de Mujeres, que contaba con filiales en casi todas las provincias del país, la activa señora continuó en sus reclamos por reconocimiento al sexo femenino hasta que lo permitieron sus fuerzas, dictando conferencias, pronunciando discursos, compareciendo en la radio, asistiendo a congresos. La Alianza de las Mesas Redondas Panamericanas de Mujeres, Acción Feminista, Unión Femenina Iberoamericana, los clubes Nosotras y de la Amistad fueron escenarios propicios a sus reclamos y protestas.

            Lastimada por el dolor propio y por las injusticias contra el prójimo, no sólo canalizó su sensibilidad por medio de la poesía, sino a través de obras sociales. Los versos que cantan sus pérdidas, como la de la madre muerta durante una cirugía en La Habana, el hijo mayor arrancado a la vida a los quince años o el fallecimiento de su esposo, son tantos como las obras caritativas que realizó: entregas de canastillas a parturientas de las maternidades públicas, juguetes y banquetes a la infancia desvalida los días de Reyes o la voluntaria labor de alfabetización a niños pobres.

            La Reina del Parnaso Dominicano de 1931, la Intelectual del año 1981, la frecuente feligresa del Convento de los Dominicos y del templo de La Altagracia, dejó en sus hijos el recuerdo de su amor incondicional, la entrega sin medidas, el cariño, la comprensión y el sonido aun imborrable de su voz dulce y tierna, aceptando sus travesuras sin regaños. Salvador, Manuel, Amadita, siguieron el ejemplo de su fe en Dios, el amor a su tierra, la honradez, la honestidad, su excepcional afán de mantener unida a la gran familia, la tenacidad y la inusual dedicación a ellos, a las tareas del  hogar, a las misiones que se impuso como ciudadana.

            “Se acostaba a las cuatro de la madrugada, trabajaba, rezaba, estudiaba, leía, componía... Decía que había tiempo de sobra para dormir cuando uno muriera”, cuentan.

            Hablan de la mamá con inocultable emoción, recitando poemas de su autoría, explicando situaciones que los inspiraron, invitando a buscar los de su predilección, que recitan casi a coro, de memoria. “Quiero rondarte silenciosa”, declama don Salvador mientras Amadita se motiva con “Yo tenía un traje de organdí azul...”, contenidos en sus libros Palma Real, Rosa de América, Cantares del ausente, Encuentro en el tiempo. La casa de la hija más pequeña la mantiene presente con sus fotos, muebles, condecoraciones....

En el Trujillato

            Hay quienes la señalan panegirista de los Trujillo. A la “preclara” familia dedicó doña Amada algunas de sus producciones y tuvo comentarios elogiosos para las supuestas obras de la ex primera dama, atribuidas a José Almoina. Con ella compartió homenajes, cenas, tardes de té. ¿Este comportamiento no resta méritos a los reconocidos atributos que enaltecen a señora Nivar?, se pregunta a los hijos.

            “Ella fue trujillista y lo siguió siendo hasta el último día de su vida. Fue amiga y admiradora de Trujillo, sincera, sin intereses”, responde don Salvador mientras que don Manuel acota que esta relación se produjo por una vieja amistad entre su madre y doña Bienvenida Ricardo, segunda esposa del Generalísimo. “Mamá, agrega, no participó en nada que tuviera carácter negativo ni político del régimen, fue una mujer honorable, pura”.

            Empero, señalan que las relaciones de la reconocida educadora con la esposa del tirano “eran muy difíciles, porque la rival de María Martínez fue siempre Lina Lovatón Pittaluga, una mujer que adoró a Trujillo al punto de que cuando éste muere, ella se negó a casarse y se ocupó de sus hijos, era distinta a doña María, naturalmente, había una situación muy difícil, delicada, y por eso tal vez mamá estuvo, precisamente, por el interés de que nosotros no tuviéramos problemas, que era su preocupación primordial, entonces contemporizó con María Martínez, pero siempre dentro de una situación muy tensa”. Lina Lovatón era sobrina política de la dama, madrina de don Salvador, que fue quien despidió el duelo de la amante preferida del llamado Jefe.

            Mamá, reiteran, “fue trujillista por haber sido amiga de Trujillo, trujillista convencida. Pero nunca estuvo de acuerdo con los crímenes, que son imperdonables. No sabemos hasta qué punto ella mantuvo esa lealtad en el interés de protegernos a nosotros. Pero no se benefició y, sobre todo, papá no dejó ni una casa, vivíamos de un sueldo de la Compañía Eléctrica”, expresan.

            Estas simpatías, aducen, no le restan méritos. “No fue una política prominente, ni funcionaria. Sencillamente mantuvo una amistad”. En cuanto a los versos dedicados a los Trujillo, don Salvador replica: “Eso era imprescindible en la época, era como para curarse en salud, todo el mundo tenía que hacerlo aunque no dudo que ella lo hiciera con cierta sinceridad, porque era amiga de Trujillo y en algunos aspectos lo aborrecía pero en otros lo admiraba”.

            Doña Amada Nivar León nació en Santo Domingo el ocho de marzo de 1898, hija de León Alfredo Nivar Lavastida e Ismenia León Ariza. Se graduó de Maestra Normal en el Liceo Salomé Ureña y de licenciada  y doctora en Filosofía y Doctora en Derecho, en la Universidad de Santo Domingo. Casó con Juan Bautista Pittaluga Cambiaso, con quien procreó cinco hijos: Juan Bautista e Ismenia Elisa, fallecidos, y José Manuel, Salvador Alfredo y Amada Altagracia Nivar de González Nivar. Ejerció el magisterio en el Instituto de las Hermanas Amiama.

            Falleció el 14 de julio de 1987. Un año más tarde el Ayuntamiento de Santo Domingo designó con su nombre una preciosa y tranquila calle que bordea el ensanche La Julia.